sábado, noviembre 18, 2006

En defensa de los musicales como cultura gay...

Hay ciertos géneros que estereotípicamente se asocian con los homosexuales. Entre ellos destacan los musicales y los melodramas de mujeres. Y como los estereotipos suelen limitar la percepción que nuestra sociedad tiene de lo que significa ser homosexual, pues mucho s de vosotros rechazáis, a veces con desmedido énfasis tal asociación. A la asociación entre gays y musicales, por ejemplo, la respuesta más común es “pues yo soy gay y los musicales me parecen estúpidos”. Esto yo lo traduzco como “el hecho de que sea homosexual no quiere decir que tenga que pertenecer a ninguna categorización sencilla”, y tenéis más razón que un santo. Hay homosexuales del PP (S.F., de la villa y corte, pongo s ólo las iniciales porque no sé si está fuera del armario, a veces estas cosas son difíciles de distinguir, cuando uno se encuentra en su presencia automáticamente asume que es IMPOSIBLE que lo suyo sea secreto), hay homosexuales a quienes gusta el fútbol (Eduardo Mendicutti) y, en general hay homosexuales de todo tipo. Pero el desprecio generalizado por ciertos bastiones de la cultura gay cinéfila, que es signo de identidad de esta generación (después de todo cada generación se define frente a y contra las anteriores) es un poquillo exagerado. A mí no me va la persecución contumaz de efebos helénicos, pero lo considero parte central de la cultura gay internacional.

Otra cosa, mucho más complicada, es explicar la relación histórica entre estos géneros y los gays. Lo del melodrama si os parece bien lo dejamos para otro momento. En lo de los musicales hay que empezar hablando de una tradición que se desarrolla desde la propia producción. Entre quienes se han dedicado a “hacer” musicales (gente que ha escrito música, letras, libretos, coreógrafos, decoradores, figurinistas, estrellas, directores de escena) el número de homosexuales brillantes es muy superior al de otros campos artísticos. Para Mann, en Behind the Scenes, esto se debe a que un homosexual podía sentirse mucho más cómodo en determinados departamentos de los grandes estudios que en otros. Dado que, por ejemplo, en la Unidad Freed de la Metro durante los cincuenta, la presencia de homosexuales en diversos grados de armarización era aplastante, es normal que otros acudieran allí o fueran contratados por los jefes. Así, una imagen estereotípica (los homosexuales se ven como más dotados para la frivolidad de un musical que para los westerns) acaban convirtiéndose en una realidad.

Pero hay también intentos de explicar que la relación entre nuestra situación y los musicales es mucho más profunda. Ya Richard Dyer, hablando de un tema similar, decía algo así como “it´s very us”, que me parece un resumen perfecto de la situación. Tanto Brett Farmer, en Spectacular Passions, como Alexander Doty en Flaming Classics justifican la cultura camp como expresión lógica de la situación del homosexual en la sociedad homófoba. Y esto no tiene por qué resultarnos incómodo. Ya sé que os preocupa la estereotipación, pero la solución contra el estereotipo no ha de pasar por negar nuestra cultura.


Una cosa que me parece interesante es cuántos ejemplos, sobre todo en Broadway, están protagonizados por un personaje de una originalidad irreprimible, que a veces le resulta problemática, pero que acaba “saliendo del armario” o expresando ruidosamente esa diferencia. El efecto es liberador.

Habría así toda una serie de rimas entre la estética que se manifiesta en los musicales y la experiencia gay, entre ese contraste tan interesante entre historia “en prosa” y explosión coreográfica. El musical interrumpe una narrativa para porrumpir en un momento de expansión, algo que supongo que nos recuerda a la necesidad que teníamos de expresión quienes crecimos en las garras del gris heterosexismo. El escapismo es parte sustancial de la estructura del género. Por no hablar del énfasis en la estética, el color, los decorados, o de los cuerpos en movimiento de los bailarines o el desarrollo de una mirada de placer voyeurista que no tiene nada que ver con la narrativa.

Como siempre, puedo apoyar esto con una experiencia biográfica, aunque, esta vez sí, me consta que muchos compartís actitudes similares. Menos mal. No me gustaría ser el único homosexual que queda con estas veleidades. Lo cierto es que para mí, salir del armario como amante de los musicales ha sido paralelo a salir del armario como gay. A pesar de que recuerdo que me gustan los musicales incluso desde antes de ser consciente de cualquier tipo de sexualidad (tengo recuerdos de ir a ver musicales de Conchita Velasco a los seis años), lo cierto es que con la adolescencia ese gusto se fue armarizando porque no estaba bien visto. De adolescente no expresaba ese gusto para que nadie “pensase” que era gay. Lo interesante de esto es que al final se trata de aceptar placeres que no están muy bien vistos en mi entorno. Los musicales y el sexo con tíos. Dado que en la vida uno ha de entregarse a tantos placeres como sea posible, por qué negarse algunos de ellos simplemente porque están mal vistos. Descubrir el gusto por los musicales puede ser parte de encontrarse a uno mismo.


Así, de verdad creo que si a los gays nos gustan los musicales no es por un defecto de gusto, es porque nos lo podemos permitir, es nuestro privilegio: una vez hemos decidido enfrentarnos al orden heterosexista no cuesta nada dar un paso más y aprender a disfrutar las películas que ponen nerviosos a los machos heteros. Hay una canción de La Cage aux Folles (que Gloria Gaynor convirtió en éxito dicotequero) que dice algo así: “And so what if I like each feather and each spangle… why not try to see things from a different angle” (“Y qué si me gustan las plumas y las lentejuelas, por qué no tratar de ver la vida desde una perspectiva distinta…”). Pues eso.

¿Alguna experiencia con musicales? ¿Algún musical que tenga un lugar especial en vuestro corazón?

Cosas como El pirata, Camelot, Las chicas de Harvey, Noches en la ciudad, Una cara con ángel, Grease, South Pacific, Desfile de Pascua, Rocky Horror Picture Show, La calle 42, Cabaret, El mago de Oz, Ha nacido una estrella, Que no pare la música. O Sondheim.

12 comentarios :

  1. Francisco Sutil4:53 p. m.

    Mi preferido West Side Story, con ese Somewhere tan gay!!!

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  2. .

    Pues yo detesto los musicales en cualquiera de sus subgéneros y variantes.

    ¿Será que no soy lo suficientemente gay?

    Un beso.

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  3. Ah, eso tú sabrás, mon capitain.

    No, en serio, no quería decir eso. La cultura gay no es una especie de discurso oficial o normativo, como el catecismo, al que el gay perfecto tiene que aspirar. Creo que aquí es donde está parte del error. La cultura gay es una realidad histórica que se compone de líneas recurrentes. Y la gente, como decía Sally Bowles en Cabaret (el musical de teatro) es gente.

    Es lo bueno que tiene, me gusta pensar en lo gay en términos radicalmente anti esencialistas. Hay toda una serie de cosas que están ahí y se han ido acumulando con los años, que han respondido a experiencias gays a lo largo de la historia. Algunos de nosotros emplean algunas de ellas para reforzar aspectos de la personalidad. Otros no. Como decía Brecht: utilicemos lo que podamos. O lo que nos guste. Y lo que no pues lo descartamos y listo.

    De hecho, hay líneas de desarrollo que considero propias de la cultura gay que a mí me traen sin cuidado: en el sentido que no me estimulan, no me motivan, no me dicen nada. De algunos hemos hablado aquí. Hay que distinguir entre los discursos y las relaciones de los individuos frente a esos discursos. Al final hay afinidades, voluntades, etc. No me gusta ni lo de ser "buen gay" o "mal gay" ni lo de ser "más gay" si se viste así, o se lee esto o se escucha a Ethel Merman. No me parece correcto pensar así ni en esta cuestión in en otras. Conduce a ortodoxias, y si hay algo que creo que no nos conviene es el pensamiento ortodoxo.

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  4. El otro día vi el dvd de Xanadu.

    ¡¡¡Me sentí super gay!!!

    Y eso que aún no he encontrado una versión de "Que no pare la música".

    Ahora en serio. Soy gran aficionado, y SE ME SALTAN LAS LÁGRIMAS en las dos escenas de Ava Gardner haciendo playback en Show Boat (Magnolia).

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  5. Esto lo que sugiere (como si hiciera falta enfatizarlo) es que dentro de lo que llamamos "cultura gay" hay varias tradiciones o puntos de vista, en ocasiones totalmente enfrentados (y que conducen a choques).

    La idea es que no hay por qué situarse "contra" nada. Cuantas más cosas nos gusten mejor. Podemos ver la cultura gay como una serie de lugares (gimnasios, saunas, bares de drag queens, bares de modernas, zonas de matojos, teatros, empresas de vestuario, lo que sea) o como una serie de textos (musicales, melodramas, porno, pop de los sesenta, copla, boleros, música de Broadway, música disco, tecno, punk, etc) o como una serie de referentes (James Dean, Alaska, Sara Montiel, Rock Hudson, Marlene Dietrich, Judy Garland o incluso Mónica Naranjo). Y lo cierto es que a) Ningún gay participa de TODO lo anterior, porque son cosas que requieren sensibilidades y aptitudes distintas y b) uno puede ser perfectamente gay sin participar en demasiados de estos aspectos (aunque en términos de socialización será útil ir a ciertos lugares o tener ciertos gustos: compartir experiencias es lo que hace la "cultura gay").

    Si quereis seguir dando ejemplos sobre experiencias de musicales, adelante. Personalmente soy fan.

    Algunos momentos que me ponen muy contento (o muy triste: la melancolía puede ser un modo de dicha):

    Shirley MacLaine canta "If you could See Me now" en Sweet Charity, Marilyn en "Diamond´s are a girl's best Friend", Jane Powell en Wonderful Day, de Siete Novias para siete hermanos, Judy Garland en The Trolley Song y The Boy Next Door, de Meet Me in Saint Louis. Jean Simmons en ese número fabuloso de Ellos y Ellas: If I were a Bell. Los marineros en South Pacific insistiendo (con poca credibilidad) que "No hay nada como una tía" ("There is nothing like a dame").
    Momento Maravilloso: Barbra Streisand da una escalofriante interpretación de My Man al final de Funny Girl. El final de Yentl tampoco es manco y en esta vida me ha sido fuente de inspiración.
    Julie Andrews trotando por la montaña en Sonrisas y lágrimas. Diría Roz Russell en Rose's Turn de Gypsy, pero el número tendría que haber sido mejor de lo que fue. De West Side Story yo tengo mucho afecto por I Feel Pretty. Uno es así. En Una cara con ángel, Audrey Hepburn cantando (mal pero con encanto) How Long Has This Been Going On? (una de mis canciones de Gershwin preferidas). Gene Kelly mariconeando en El pirata, en la canción Niña. Fred Astaire y Judy Garland en A Couple of Swells.
    Ann Miller casi siempre, pero el número Prehistoric Man de Un día en Nueva York me parece tan absurdamente tonto que siempre me hace reír. Miller era estupenda y roba Kiss Me Kate a los protagonistas.

    Podría seguir pero espero vuestras sugerencias.

    A los que los musicales no les van tendrán que tener un poco de paciencia...

    De todos modos, sería útil que, más que dar listas, comentaseis el tipo de emociones que os producen los musicales...

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  6. Estoy totalmente de acuerdo contigo, Alberto. Much*s compañer*s, en un intento por ser más únicos y originales que nadie (cuando es imposible escapar a los innumerables factores socioculturales que construyen nuestra identidad), llegan al poco lúcido extremo de rechazar la cultura GLBT y hasta de cuestionar su existencia (!!!!). Personalmente opino que esta actitud proviene de un espíritu de rebeldía muy mal enfocado: y es que, como tú dices, la cultura GLBT no es un catecismo que haya que seguir a rajatabla. Comunitarismo no es igual a Igualitarismo. No pienso que la cultura queer obligue a nadie a seguirla, sino que más bien somos nosotros, miembros del colectivo queer, quienes en comunidad la vamos construyendo. No hay razón para quejarse de que nuestra cultura parezca dar más preponderancia al musical, al melodrama o al cabaret que al género policíaco o bélico: puesto que no está cerrada a ninguno de nosotros, desde dentro podemos cambiarla, reconstruirla, para lo cual hace falta mucha militancia y no quedarse en casa quejándose.
    Por otra parte, soy muy mal pensado y en la mayoría de estas actitudes de rechazo de la cultura GLBT por parte de l*s mism*s compañer*s veo un insoportable trasfondo de homofobia internalizada y de prepotencia del estilo "yo estoy por encima de la frívola cultura gay".
    De estas cosas me harto de escribir en mi blog aunque desde el punto de vista político, pero está visto que la gente no se entera de que la cultura gay es una realidad innegable y que ellos la están construyendo con cada cosa que hacen.
    Besos desde Sevilla

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  7. bobbysox52:03 p. m.

    A mí los musicales me dan una sensación de completud y armonía. Por ejemplo, el número final de A chorus line, con su perfección, todos los bailarines moviéndose al mismo tiempo, me produce una gran emoción, una emoción que se independiza de la tristeza que tiene ese final.
    Los musicales con Barbra Streisand conjuran cierta vulnerabilidad con cierta ira. Por ejemplo, el final de Ha nacido una estrella es como una liberación para mí, porque se descarga un montón de ira y furia ante la perdida del ser querido. Lo mismo podría decirse del de Funny Girl. Por el contrario, el final de Yentl implica la salida de la confusión para ir hacia la libertad, aunque ésta quede en Estados Unidos.
    Sweet Charity potencia cierta vitalidad por la fuerza de sus números bailables pero también la sensación de impotencia ante la insatisfacción de los objetivos: mantener el hombre al lado.
    Nashville me encanta por muchos motivos, sobre todo por la parodia y su humor. Que la pobrecita se adueñe del escenario en el final, cuando la gran estrella es asesinada, suena a reivindicación: el personaje marginal en una situación caótica se pone en primer plano.
    El mago de Oz -en sus dos versiones musicales- trae la tranquilidad de haber recuperado el camino que se había perdido.
    El musical es mi género favorito; siempre me ha parecido el más poético por eso de ponerse a bailar y a cantar de una amnera en que nosotros no hacemos en nuestra vida cotidiana.
    El musical siempre es catártico para mí, rara vez me deja indiferente.

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  8. .

    No creo que sea necesario aclararlo porque nadie ha aludido a mi comentario, pero me gustaría dejar constancia de que, por supuesto, con él no he pretendido desmarcarme de lo gay o de la cultura gay ni ponerme en contra de aquello@s compañer@s a quienes les gusta el musical.

    Simplemente he querido dejar constancia de algo que es una realidad en mí: no me gustan los musicales.

    Y lo he dicho, precisamente, como extrañeza.

    Un beso.

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  9. para mi y los amigos de mi grupo desde nuestros maravillosos 18 años los musicales han sido ademas de un placer estetico y artistico una manera de enfrentarnos a la mojigateria represiva franquista de aquellos años,todos los dias de San Esteban (26 dic.) fiesta grande en Barcelona sacabamos entradas para ver el musical del año todos juntos: west side, my fair lady, the star, sound of music... casi siempre en el cine Aribau y casi siempre con la insufrible voz de la pava que doblaba a Julie Andrews, Teresa Maria?
    los musicales tanto de cine como de broadway fueron, han sido y seran una identidad para toda la gente con la cual me he relacionado toda la vida,me seria muy dificil prescindir de de ello y aunque ahora sea un genero en desuso y menospreciado mas me gustan y más valoro el regalo que en los años 50s y 60s nos deparó el cine de nuestra infancia, Marilyn no seria lo mismo sin el "Diamonds are the girl best friends"

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  10. Julanen, creo que tú y yo tenemos lo que discretamente se llama "cierta edad". Creo que ciertos rasgos de la cultura gay funcionan de manera generacional. Básicamente si algo te atrapa en la adolescencia, ya no te suelta. Gracias al DVD todo está disponible de nuevo (¿Para cuándo El Pirata?)

    Lo que sucede es que el relevo en las generaciones gays (básicamente los que maduraron en los noventa, no en los ochenta como nosotros) presupone un rechazo de lo que nosotros disfrutábamos. Esto es, sin duda, lógico, y no creo que tengamos que reprochar nada a nadie. Cada generación tiene sus marcas y dentro de cada generación hay distintas corrientes. En cualquier caso este desprecio tan enfático a que aludes es una pena porque realmente creo que hay valores en los musicales (y coincido con tu diagnóstico), son más sustanciales de lo que la gente se cree y tienen siempre resonancias emocionales que, bien cogidas, nos funcionan a los gays.

    La semana pasada estuve en Nueva York. Vi Wicked, Company, Hairspray y Grey Gardens. Pues bien, al menos Wicked y Hairspray son de manera muy marcada "sobre ser diferente" (Wicked es un show maravilloso: por cierto está ahora en Londres). Y en todos hay una canción en que el personaje expresa su diferencia. En los dos que menciono el tema de la diferencia es central: el mundo "convencional" de los bienpensantes resulta terrible y el de los marginados acaba teniendo cierta gracia.

    El caso es que el tema de un inadaptado que triunfa frente a las convenciones de su medio ES el motivo dramático más recurrente del musical de Broadway. Sea Mama Rose, Nelly Forbush o Sally Bowles. O Zaza. O las Dollys y las Mames, o la Charity. El musical da voz a la diferencia, y es una voz que llevamos con nosotros. Para mí canciones como Sing Happy, de Flora o Cabaret han actuado como fondo de momentos en la vida. Además se expresa con una estética que, como hombres, parece que tengamos que rechazar. Pero no: aceptar que nos gustan los musicales en el contexto actual es casi como salir del armario.


    En fin que creo que tienes razón.

    Veo que vives en Barcelona. Si te prestas a que te entreviste, porfa, enviame un email. Ando bastante mal de gente de nuestra generación o mayores que se dejen entrevistar y que vivan aquí.

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  11. deudas que tiene la vida conmigo:
    - Angela Lansbury interprtando MAME en lugar de la inapropiada para aquel papel Lucille Ball
    - LA CAGE AUX FOLLES the musical nunca se ha rodado y no creo que se haga nunca, una pena
    - NINE una partitura magnifica y un tema intenso ya lo era el original de Fellini, nunca se filmó
    - JUDY GARLAND fue expulsda del rodaje de La reina del Oeste, la insufrible Betty Hutton la suplantó, hizo lo que pudo, pero nos quedamos sin Santa Judy
    - otro de mis preferidos CHESS gran partitura, tema dramatico, grandes posibilidads interpretativas, tampoco se rodará jamas
    - THE STUDENT PRINCE no existe en DVD, otra partitura de altura compositiva, un reparto excepcional tanto los protagonistas como los secundarios, solo existen copias mediocres de china y brasil, nunca en TV
    tengo varias docenas de "deudas" en la recamara, otro dia será

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  12. julianen@gmail.com
    ya funciona
    cuando quieras

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