miércoles, noviembre 15, 2006

Gays en Hollywood (sobre el libro Behind the Screen)

(Algo ha cambiado en Blogspot y subir fotos se convierte en una pesadilla. En fin, he logrado algo. Ahora el texto y el origen puede verse si ponéis el ratón sobre la foto)

Dietrich y Cooper en Marruecos. Por supuesto Cooper NO era exactamente gay, pero si se lo hizo con el tipo aquel... siempre podemos soñar
Este post se relaciona con la segunda parte de mi libro, que hablará de la presencia de gays en la industria del cine y cómo eso influye en las historias que se cuentan o en la estética (incluyendo la posibilidad de una siempre escurridiza “estética gay”)
Charles Laughton, Claudette Colbert y un efebo desconocido en El signo de la cruz
Mi propuesta, más abajo, de un juego para demostrar que “todo el cine gay” no ha tenido mucho éxito, pero abundo en ello ahora. En realidad se trataba de estimularos a visibilizar la presencia de temas y personas gays en el cine para comprender mejor en qué consiste la experiencia gay del cine. O sea, al hacer concreta una presencia que la historia suele silenciar vemos mejor “nuestra” relación con las películas. Es una idea.

Pero incluso cuando nos fijamos un poco y nos percatamos de que en el cine había muchos más gays de lo que pensábamos y que su experiencia se encuentra perfectamente codificada en las películas, surge la cuestión (que algunos insinuais en vuestros posts) de si esto tiene relevancia, si el conocer la presencia de gays en Hollywood (por ejemplo) tiene algo que ver con “nuestro” disfrute de determinadas películas. En algún cuestionario respondéis tajantemente que NO, que la vida de los directores o actores no os afecta para nada. Como siempre, la respuesta es matizable y a continuación apunto algunas ideas que me están surgiendo de la lectura de dos libros de William J. Mann: Wisecracker (una biografia del actor abiertamente gay Bill Haines, una de las estrellas más populares de finales de los años veinte) y Behind the Screen. De manera rigurosa y provocadora, ambos visibilizan la presencia de homosexuales en Hollywood. Para evitar la superposición de paradigmas, me refiero aquí a un periodo entre finales de los veinte y mediados de los treinta.La maravillosa Marie Dressler en Cena a las ocho
Behind the Screen es un libro revolucionario: indaga como nunca se había hecho sobre el impacto de los homosexuales y la cultura gay (en diversos grados de armarización) en Hollywood. Ya me gustaría a mí que se hicieran estudios similares en Europa o incluso en España, pero habrá que esperar. De momento, el autor William J. Mann nos da toda una serie de pistas sobre la importancia de tal investigación, el modo en que puede cambiar nuestra perspectiva y cómo habría que hacerla. Lo que sigue se basa en la lectura del libro. Por supuesto, el libro es más rico de lo que mis reflexiones sugieren.
Franklin Pangborn, mariquita profesional, en Un marido rico
1. La presencia gay en el Hollywood clásico, post clásico y actual es mucho mayor de lo que las historias culturales de la meca del cine sugieren. Por supuesto las historias tienden a silenciar el tema del género como si fuera irrelevante. En mi opinión, el género y sus rituales constituyen una parte central de nuestra cultura, y por lo tanto la homosexualidad es parte integrante del fenómeno. Idealmente tendría que aparecer integrada en cualquier historia del cine, pero dado el pudor o la reticencia de los especialistas a entrar en este terreno, seguimos encontrándonos con que hay que estudiarla por separado. Sería ideal que un día la historia gay fuera simplemente una parte de la historia que no requiriese estudios especializados .Edward Everett Horton, otro mariquita profesional, aquí en una de las mejores comedias de la historia en el cine, Un ladrón en la alcoba, de Lubitsch
2. Hay rumores sobre casi cualquier estrella de importancia (excepciones notables serían John Wayne o Loretta Young). De Gary Cooper o Spencer Tracy o Burt Lancaster o por supuesto Cary Grant a Barbara Stanwyck, Janet Gaynor, Joan Crawford o la siempre fantástica Jean Arthur. Sin duda, los rumores que apunta Mann no están en todos los casos bien fundamentados, puede que en algún caso se haya equivocado. Pero esto no me importa, porque también sé que hay muchos casos de los que no sabemos nada. El estatus de los rumores es, por su propia naturaleza, incierto. Pero la rumorología es clave (especialmente si está tan bien fundamentada como en este libro) para empezar a llenar los silencios de la “historia oficial” en torno a la homosexualidad. Es decir, hay “menos” homosexuales de los que Mann apunta, pero también hay “más”.

3. Hay que pensar que las realidades eran distintas, que el armario tenía otros contornos, que la diferencia entre homo y hetero se conceptualizaba de manera distinta. Gary Cooper fue, quien lo duda, hetero según nuestros parámetros, pero la historia que cuenta Mann sugiere algo mucho más fascinante: que antes de los años cuarenta las fronteras entre “homo” y “hetero” eran mucho más fluidas que ahora, que un hetero podía tener una novia (en este caso Lupe Vélez) y una amistad emocional, incluso física con otro hombre, sin que eso significase un cambio de categoría.
Charles Laughton como un Nerón muy mariquita en El signo de la cruz
4. Una película maravillosa (pero aparentemente nada gay) como Medianoche, de Leisen está co-escrita por un gay armarizado (Charles Brackett, co-guionista habitual de Billy Wilder hasta 1950), protagonizada por una lesbiana (Claudette Colbert, la auténtica reina de la comedia hollywoodiense entre los treinta y los cuarenta), dirigida por un homosexual (Mitchell Leisen). Y en su reparto está Rex O’Malley, también gay. Esto es sólo lo que sabemos. No es posible saber, a priori, hasta qué punto las experiencias de todos ellos tienen alguna relevancia en el encanto particular de esta película. ¿Es Billy Wilder diferente cuando escribe con IAL Diamond (presuntamente hetero)? ¿Tiene algo que ver la fascinación que los amantes de la comedia tenemos por Claudette Colbert con el hecho de que no sea una mujer convencional (y, sí, se puede ser poco convencional en muchos sentidos, pero hay que reconocer que la orientación sexual es uno de ellos)? No tengo respuestas, pero creo que si visibilizásemos la presencia gay, nuestro análisis de la película también cambiaría. Entenderíamos mejor la dinámica de la narrativa de Hollywood, también la dinámica cultural de la homosexualidad. Otro caso. El filo de la navaja: Director gay (Edmund Goulding), actores gays (Tyrone Power, Clifton Webb), basada en la novela de un autor gay (Somerset Maugham).

5. Una teoría que he incluido varias veces en este post: hay películas que no tienen nada explícito de gays, pero que de alguna manera gustan a los gays, pues bien, cuando uno indaga vemos que EFECTIVAMENTE sí tienen relaciones con la cultura gay. Un ejemplo que Mann desarrolla es el musical. ¿Sería concebible que el musical de Hollywood (variedad MGM) fuera obra de heterosexuales? John Ford, John Huston o King Vidor no se sienten atraídos por el género. Charles Walters, Minnelli o Cukor (homosexuales o afeminados los tres) sí. Y cuando uno lo piensa, no se trata simplemente de que los espectadores gays se hayan apropiado del género. Es que el género ES gay desde sus creadores. En la legendaria Unidad Freed de la Metro todos los creadores con la notable excepción del propio Freed eran gays o amigos de los gays (o amigos de Judy Garland, que viene a ser lo mismo). Esto se extiende a algunos actores especializados en hacer de mariquitas: las interpretaciones de Franklin Pangborn o el estupendo Edward Everett Horton olían a gay, pues bien, resulta que ambos eran gays. Esto no debería sorprendernos. O sí.
Claudette Colbert se toma un baño de leche en El signo de la cruz
6. Mujeres: para triunfar en el mundo del cine hacía falta ambición y en muchos casos dejar de lado los convencionalismos. Efectivamente las mujeres heterosexuales pueden ser ambiciosas. Pero una mujer creativa, independiente, que no se integre en los patrones opresivos del género, tiene más posibilidades de triunfar, y es posible que esta personalidad se refleje en el estrellato. Esto hace que el número de mujeres con mentalidades abiertas dispuestas a dejar atrás los lastres del heterosexismo fuera bastante considerable: Dorothy Arzner, Zoe Akins, Constance Bennet, Dietrich, Garbo, Billie Burke (el hada Glinda de El mago de Oz), Marie Dressler (Cukor, Dressler y Burke son tres factores gays de Cena a las ocho), Hattie MacDaniel (la de Lo que el viento se llevó) y otras muchas tuvieron relaciones fuertes con mujeres.

7. Hay directores que emplean las “vibraciones” gays de actores como Farley Granger, Sal Mineo o Monty Clift y las integran en su narrativa. Se trata de un fenómeno obvio que se ha estudiado demasiado poco. Pero para hacerlo es necesaria cierta operación de “outing” que la crítica ha considerado frívola o poco ética.

8. Es difícil hablar de “estilo” gay, ya que directores gays y heteros estaban sometidos a un sistema de representación determinado. Pero hay diferencias sutiles en la planificación de gente como Cukor o Goulding, por una parte, y Ford o Hawks por otra. En cualquier caso, según esta regla de tres, uno afirmaría que Sternberg era gay, y no hay ni siquiera rumores.

En fin, si tenéis algún comentario sobre creadores gays o sobre la relación entre creadores gays y cine, pues adelante.

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