sábado, mayo 23, 2015

Los musicales de los setenta en diez números (y 3): 1976-1979



1977

Película: New York New York, dirigida por Martin Scorsese

La especialidad de los directores del "nuevo" Hollywood eran los gangsters y la violencia, cosas de hombres, hermanos, padres e hijos, mujeres infieles. Pero Scorsese, cinéfilo impenitente, intenta un musical "puro" en 1977. "Puro", es decir, según los modelos de los años cuarenta. Empieza como algo que recuerda For Me and My Gal y acaba un poco como los biopics musicales de los cincuenta como Love Me or Leave Me o With a Song in My Heart. Las referencias son relevantes. Scorsese quería hacer un musical sobre una relación y un periodo histórico (la postguerra en USA) o contar una relación en un periodo utilizando la música como metáfora. De hecho es fácil seguir los cambios en la música popular americana a partir de las carreras divergentes de los dos protagonistas. Francine (Liza Minnelli) podría ser una girl singer de la era de las big bands que acaba como estrella de cine tras ser absorbida por el negocio musical (léase Capitol Records) y perder la frescura. Podría ser Peggy Lee o Doris Day o Rosemary Clooney. Jimmy también empieza en las big bands, pero al volver de la guerra siente que necesita explorar nuevos modos de expresión y sigue la línea menos comercial del be-pop. Los lenguajes musicales se van haciendo diferentes, incompatibles, y entre ellos no queda nada que decir. La película fue un fracaso  comercial y se estrenó en un montaje abreviado que la hizo parecer realmente terrible. Es una de las grandes películas de Scorsese y una de las mejores reflexiones sobre la historia de la música en América.

Número: "And the World Goes Round"

Aunque hay varios momentos musicales extraordinarios y el número "Happy Endings" (bonito, interesante, quizá no muy bueno) es un encantador homenaje a los números extendidos que se hacían en la Unidad Freed de la Metro a principios de los cincuenta ("Broadway Rhythm", "Girl Hunt Ballet") el gran momento de la película es esta canción, rodada en un solo plano, que funciona como bisagra entre dos épocas y marca el paso del tiempo. La canción es de Kander y Ebb, que por aquella época componían para las divas del musical y tenían una relación especial con Liza Minnelli. Minnelli domina la pantalla. Nunca ha estado mejor como en estos tres minutos, nunca ha recordado tanto a su madre, nunca volveria a acercarse a lo que hace aquí. New York New York miraba al pasado y trataba de construir un discurso complejo, aquí Scorsese reduce el musical a su mínima expresión formal para conseguir el máximo impacto emocional.



1978
Película: Grease dirigida por  Randal Kleiser

Grease, basada en un musical off off Broadway de autoría gay (y dirigida por otro gay), no es, ciertamente, una de las películas más rompedoras y radicales de los setenta. Pero me gusta verla como invadida del espíritu de la época. Nótese que en la oposición entre la virginal Sandy y el chuleta Danny es ella la que tiene que desvirginizarse como clausura de la trama. En los ochenta las heroínas que perdían la virginidad voluntariamente lo pagaban caro: con un hachazo en plena frente como mínimo. Perder la virginidad era un valor positivo en los confusos setenta. Y luego está el toque retro: Grease juega con los cincuenta, los pervierte, los encuentra divertidos y algo ridículos, utiliza su música en pegadizos pastiches. Finalmente, Grease, a diferencia de otros musicales del momento (Fiebre del sábado noche, por ejemplo) tiene vocación de musical clásico, es Bye Bye Birdie unos años después. Cuando la música de Broadway basada en las letras estaba desapareciendo, Grease intentó mantener vivo el modelo y al menos consiguió buenos resultados de taquilla. Archívese bajo "placer culpable".

Número "Beauty School Dropout"

Varios números de Grease, con excepcional coreografía de Patricia Birch, me parecen destacables. "Greased Ligntin'", el solo de Stockard Channing "There Are Worse Things I Could Do", la conscientemente cursi "Hopelessly Devoted To You" y la pegadiza declaración de principios "Summer Nights". Pero en términos de concepción y originalidad, "Beauty School Dropout", un número onírico, es algo especial. En parte porque sale Frankie Avalon, protagonista de un ciclo de musicales que Grease parodia, en parte porque la música es un doo-wop realmente conseguido, en parte por la letra irónica y en parte por la puesta en escena camp basada en el musical clásico con un guiño irónico (la expresión de Stockard Channing, a la que se ve entre las otras chicas, es impagable). En este momento  de la trama, Frenchie ha decidido dejar el instituto para ir a una escuela de cosmética. El ángel de la guarda adolescente se le aparece para decirle básicamente que se deje de tonterías y se ponga a estudiar.


1978
Película: Thank God It's Friday!, dirigida por Robert Klane

La segunda mitad de los setenta se conoce como  la Era Disco, de gran centralidad en la cultura gay estadounidense y un modelo musical manufacturado por ciertos estudios que se adaptaba a los nuevos locales y los nuevos hábitos de los jóvenes urbanos. Dado que esta lista prefiere lo representativo a lo bueno, era necesario tener la música disco en cuenta. Una de las películas más importantes de la década, Fiebre del sábado noche fue el primer intento de integrar la nueva subcultura en el cine. La trama era algo melodramática, imbuida del mismo realismo social que nos había dado Rocky el año anterior (de hecho Fiebre del sábado noche era Rocky con los Bee Gees) . La música disco se utilizaba como contrapunto utópico a la vida sin futuro del protagonista. El resto es historia. Típicamente, esta película invertía la lógica de la música disco. Por fin ya es viernes/ Thank God It's Friday es una película mucho peor (con mucho la peor en esta lista) pero que claramente reproducía la utopía de la subcultura disco sin ironías. Como en tantas películas de los setenta (de El coloso en llamas a Nashville) se trata de una narrativa coral en la que cinco o seis personajes (entre ellos una joven Debra Winger y la consagrada Donna Summer) coinciden en una discoteca. Y la película tiene a su favor que abraza la cultura negra frente a la de los italoamericanos. Sólo para fans, pero interesante documento de una subcultura que para principios de los ochenta se había extinguido (la música disco todavía produciría su obra maestra ¡Que no pare la música!, justo cuando la música empezaba a parar)

Número: "Last Dance"

"Last Dance" es, como cualquier canción disco, pegadiza e insustancial. La presentación es clásica de musical, y no habría estado fuera de lugar en La calle 42; Donna Summer, una chica con talento pero apocada, vaga a lo largo del film por la discoteca en busca de una oportunidá y es rechazada por el disc jockey porque no es famosa. Cuando algo falla, ella toma el escenario y empieza a cantar su canción, primero lentamente, luego con la vitalidad embriagadora del género. Gran momento en una pelicula que habría necesitado alguno más: nos hizo bailar incluso a quienes no acabábamos de creernos que eso del disco tuviera fuste. Es un momento irresistible. La canción ganó un óscar, signo de un Hollywood que, con todas sus dudas, intentaba ir con los tiempos.


1979
Película: Hair, dirigida por Milos Forman

Hay motivos por los que la música rock funciona de manera limitada en el musical: porque es música cuyo tema es ella misma, porque no es muy sutil, porque no puede expresar una gran gama de cosas dramáticamente. La excepción es cuando el show tiene como tema el rock o los valores que representa. Por esto Hair es relevante y por esto Hair funciona.

El musical de Broadway Hair es tan históricamete importante como dramáticamente endeble, pero cietamente reflejaba una nueva actitud e introdujo esa nueva actitud en los escenarios mainstream a través de una partitura que era básicamente rock and roll. Cuando se estrenó la adaptación cinematográfica de Milos Forman en 1979 los enteradillos se quejaron de que llegaba doce años tarde (puedo corroborarlo: una de las primeras críticas que escribí fue de esta película; sonrojante y derivativa, y hacía uso precisamente, estúpidamente, de este cliché). Craso error. En realidad llegaba doce años demasiado pronto... o quizá era exactamente adecuada para este punto. Sólo el cine de los setenta habría podido dar sentido a la idea original. Es verdad que la guerra del Vietnam (primera causa del musical) había terminado, pero las actitudes duran más que las circunstancias que les dieron lugar, y en la era de Podemos, Hair me parece tan relevante como lo fue a finales de los setenta. Siempre hay un sistema contra al que hay que desenmascarar, el militarismo sigue siendo tan estúpido como entonces y ahora más que nunca necesitamos que nos recuerden que hay estilos de vida alternativos.

La película elabora un poco el libreto (por llamarlo de alguna manera) original, pero no demasiado. No hay demasiada trama y son notables los esfuerzos por no introducir una lógica narrativa fuerte basada en el causa-efecto. En Hair, una escena no se sigue de otra, simplemente va después. Y esto funciona muy bien. A cambio de la falta de trama, lo que hay es mucha atmósfera (perfectamente creada), una gran coreografía de Twyla Tharpe que no tiene nada que ver con la coreografía del musical de Hollywood, y el reflejo de un modo de ser, unas actitudes que se echarían de menos entre la morralla indie del las décadas siguientes. Por no hablar de una interpretación de Treat Williams que llega como pocas de la década. Es ver a Treat Williams aquí y uno casi exclama: "soy todo tuyo". En términos de voz, de discurso político, de uso de la música, de vitalidad, Hair es uno de los grandes musicales. Y total tampoco va a defender nadie que La calle 42 tenía mucha más trama.. Era, eso sí, más coherente.

Número: "I Got Life"

Es cierto que los números en esta película a veces carecen de motivación dramática. Culpa del original. Los números son comentarios o reflejan estados mentales. Una de las excepciones es "I Got Life", uno de los momentazos del cine de los setenta. Los hippies se presentan en una fiesta de alta sociedad con una excusa bastante irrelevante. Y sólo por tocar las narices y como respuesta al esnobismo militante de la dueña de la casa el líder de la tribu, Berger (Treat Williams) se marca este número en el que desafía los convencionalismos. Maravillosamente rodado y muy bien pensado, es el número que da a uno ganas de hacer algo.



1979
Película: All That Jazz dirigida por Bob Fosse.

All That Jazz es una cumbre. De la carrera de Fosse. De la egomanía cinematográfica. Del musical. De Broadway. De los setenta. De todo esto. No puede decirse que fuera revolucionario. No cambió las cosas demasiado. A menudo las obras maestras no cambian nada. Pero de alguna manera es el musical que mejor representa lo que le pasa al género en los setenta.

Fosse parte de sus propios problemas y se inspira en el 8 1/2 de Fellini. Cuando se estrenó A Chorus Line en Broadway en 1975 sintió cierta envidia de su creador Michael Bennet. Sus reacciones dejan entrever que le gustaría haber tenido la idea él. Y aquí se propone a demostrar lo que habría hecho. Pero poco a poco el show fue adquiriendo otras connotaciones. Ya desde Pippin, a principios de la década, Fosse había empezado a articular una idea sobre el significado del show business americano y del musical de Broadway en particular. El musical abrazaba la vida, pero esto, nos dice, lo hace con mala fe, y es una mentira. En realidad el brillo del musical americano encubre la muerte. El musical da sentido a nuestra vida, pero sólo porque estamos todos un poco muertos. En All That Jazz el coreógrafo Joe Gideon (Roy Scheider, una de las grandes interpretaciones de los setenta) tiene que decidir entre la vida o el show business. Elige lo segundo. Muchos pensaron que el personaje era desagradable, excesivamente transparente, incapaz de generar empatía. Puede. Pero hay en él una gran verdad. Desagradable, como suelen ser las verdades, pero más honesta que cualquier protagonista de musicales hasta entonces.

Número: "Bye Bye Love"
Cada número de All That Jazz, como los de Cabaret, es fundamental y extraordinario.  Pero en concepción, es el número final el que resulta indispensable en esta selección. La motivación narrativa es el ataque al corazón mortal que sufre el protagonista, Joe Gideon. Y es nada más y nada menos que Fosse imaginando su propia muerte  (Fosse sobrevivió a un infarto mientras trabajaba en Chicago en 1975, muchos momentos de All That Jazz tienen fundamento en la realidad) como la quintaesencia del show business. La egomania del número es brutal y a muchos les pareció de mal gusto. Pero Fosse, aquí como en el resto de la película, está elaborando un discurso sobre la relación entre la luz y el optimismo del musical, los destellos del show business americano y la pulsión de muerte. Es una relación amor-odio que nadie se había atrevido a señala hasta entonces. En el musical la muerte era melodramática (como la de Violeta en la Traviata o Mimí en La Boheme), triste, sentimental. Aquí es todo focos, sudor, bailarinas, oropeles, horteradas y Ben Vereen como maestro de ceremonias. Celebración y algo amargo a la vez. Es probablemente el número más ambicioso de la historia: por lo que quiere decir sobre América, sobre el musical, sobre Fosse, sobre todos nosotros. Y la realización es deslumbrante: cada plano, cada movimiento, cada guiño se carga de significado. Mirad la sección en que Gideon va a saludar al público, mirad cómo está integrado cada saludo entre las orquestaciones, hubo alguna vez un abrazo más efusivo que el de Roy Scheider y Ersebeth Fordi? Hubo alguna vez una mirada de reproche e irnoía tan marcada como la de Leland Palmer? Y mientras Ben Vereen mantiene el show en marcha y ante la despedida de la vida la gente aplaude. Jessica Lange es la muerte y cuando abraza a Gideon, oímos una cremallera: el cadáver está en la morgue. Fin.


Muerte! Racismo! Política! Nazis! Virginidad amenazada! Disco! Mugre! Guerra! Hippies! Divorcio! Rebeldía!... ¿Dónde están tus problemas ahora? En el musical todo es bonito. Las chicas son bonitas. Incluso la orquesta es bonita.... Pero lo que caracteriza el musical de los setenta no es sólo la gama de temas que se atreve a tratar. Lo que sucede en el musical cinematográfico en esta época que no sucede en ninguna otra es la constante reflexión sobre las relaciones entre música y trama, y un fascinante diálogo con el musical de Broadway por una parte y la propia tradición de Hollywood. Los musicales de los sesenta eran pálidas imitaciones de Broadway, a veces infladas, casi siempre equivocadas. En los ochenta hubo algún musical original basado en tipos de baile (Footloose) y alguna adaptación relativamente fiel (Little Shop of Horrors) pero los musicales realmente originales (Pennies From Heaven, Fame, Can´t Stop the Music!) se concentran en los dos primeros años de la década. Y más tarde llegó Rob Marshall... Pero en Miradas insumisas no nos gusta hablar mal de nadie, así que mejor para terminar con una nota de alegría os dejo con un momento de un musical que si bien no tiene nada que ver con los setenta también contiene nazis.




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