jueves, mayo 21, 2015

Los musicales de los setenta en diez números (2): de 1970 a 1975



Lo que sigue intenta ilustrar la variedad del musical en los setenta y su variedad estética y temática. Esto quiere decir que la selección no implica que sean los "mejores" números. En ese caso la entrada consistiría simplemente en citas de All That Jazz y Cabaret. También he decidido incluir un sólo número por película. Con estas convenciones, empezamos con 1970.

1970
Película: Original Cast Recording of Company, dirigida por D.A. Pennebaker
El musical teatral Company abre de manera gloriosa los setenta en Broadway. Totalmente nuevo en aproximación, renunciaba a la narrativa lineal y las canciones tradicionales. El modo en que se centraba en un tema y un personaje y no acababa de llevar su destino a término. La idea de utilizar como protagonista un "centro pasivo" a la manera de los directores europeos de los setenta. La música (sobre todo por las orquestaciones) tiene que haber sonado a Burt Bacharach, pero las letras eran más complejas y sofisticadas (formalmente y temáticamente) que se habían escuchado en Broadway. El álbum del reparto original es una de las obras maestras del género: cada canción es deslumbrante, cada sílaba significa.

De ahí el milagro de esta película. El documentarista D.A Pennebaker se metió en el estudio de grabación y rodó la grabación del disco. Este documental-musical nos permite ver a los protagonistas al poco del estreno, con sus inseguridades, sus tensiones. Es un poco como esos musicales de Judy Garland en que los protagonistas montaban un show en el granero, pero en versión "realismo sucio". Vemos a un eternamente insatisfecho Sondheim, vemos a la brillante Elaine Stritch, al inseguro Dean Jones. Las canciones están abreviadas, pero como documento es impagable.

Número: "Ladies Who Lunch"

Una canción, dos historias.
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Por una parte está la canción en sí. Se trata de un derrumbe en cámara lenta, una crisis contada oblicuamente, la historia de una mujer que hace muchas cosas pero que está vacía por dentro y el modo en que esta mujer, a lo largo de la canción, descubre esta miseria interior. "Ladies Who Lunch" se ha convertido en todo un tipo: mujer rica urbana mayor que llena su vida con actividades irrelevantes y que en muchos casos no llega a descubrir que hacer cosas no es "ser". Si conocéis la canción de Cecilia "Dama, dama" pues es algo así.


Pero este número tal como está presentado en la película es más que la canción. La épica del número consiste en ver a la intérprete, Elaine Stritch en un momento crítico de su carrera cuando casi nadie quería contratarla, en una lucha denodada por hacer la canción suya, por lograr una interpretación perfecta, para la posteridad. La protagonista de la canción tiene una crisis al descubrir su vacío interior. La crisis de Stritch se debe a que se jubaba, literalmente, la vida. Es la diferencia entre el contenido y la interpretación. Una gozada.




1971
Película: Fiddler on the Roof, dirigida por Norman Jewison

Probablemente el título más convencional de esta serie, el único que podía haberse rodado en los sesenta o en los ochenta. Fiddler on the Roof  (El violinista en el tejado) no es ni más ni menos que una adaptación casi caligráfica de uno de los musicales más sustanciales de la historia de Broadway y que sigue la tradición no iniciada ahí pero presente en West Side Story de hacer que el género se ocupe de temas serios, de problemas sociales, étnicos o históricos. Se nos cuenta cómo un pueblo de judíos en la rusia profunda empieza a ver sacudidas sus convenciones, tanto debido a los ataques antisemitas de tropas zaristas como problemas familiares internos. A lo largo del show vemos la desintegración de una cultura y todo ello se hace con una partitura rica, influida por la música judía, que combina celebración y melancolía.

Número: "To Life"

El número ilustra la progresiva complejidad del musical de Broadway en los sesenta, todavía en clave realista. Su importancia reside en virtudes clásicas. La coreografía es del gran  Jerome Robbins y vemos cómo la historia avanza precisamente a partir del baile. La canción empieza como un brindis para celebrar la próxima boda de una de las hijas del protagonista hasta que se presentan en la taberna unas tropas zaristas. En este momento de la trama se nos dice que las diferencias entre judíos y rusos tales no son tan radicales, y Jerome Robbins subraya esta idea combinando ambos estilos de danza.



1972
Película: Cabaret, dirigida por Bob Fosse

El musical Cabaret se estrena en Broadway en 1966, dirigido por Harold Prince. Fue radical e influyente y amplió los límites del teatro musical. Temáticamente porque los temas eran sórdidos y serios. Formalmente porque utilizaba el contraste entre números en un cabaret y canciones normales de personaje. Esto se había hecho ya muchas veces. En Show Boat, en Guys and Dolls. Pero lo interesante es cómo los números del cabaret comentaban irónicamente el proceso histórico al que estaban sometidos los personajes.

Con todo, hay que notar que el show, con toda su gran originalidad, era quizá algo más convencional de lo que veríamos en producciones de hoy. Es un show que ha cambiado mucho, en general para bien. Y hay que decir que los cambios se deben, sobre todo, a la version cinematográfica de Bob Fosse. Fosse (rival de Prince) decidió llevar las ideas del original a sus últimas consecuencias y creó uno de los musicales más innovadores de la historia del cine. Fue un éxito de público y de crítica. Superó a El padrino en los óscar (los críticos heteros todavía no se lo han perdonado). Y la película sigue funcionado. Fosse cortó las canciones que no tenían lugar en el cabaret (excepto una) y la relación entre personajes y música se hizo aun más contrastada. Volvió al original de Isherwood para desarrollar otras historias. E introdujo una ambivalencia sexual que los autores consideraron pero que no se atrevieron a integrar en el 66, Luego está Liza Minnelli, claro.

Número: "Wilkommen"

Aunque cada número de la película es una joya, dos demuestran de manera especial la gran originalidad de Fosse. El primero es el legendario "Tomorrow Belongs To Me", el único número que no tiene lugar en el cabaret, en el que una canción sentimental de corte nacionalista se convierte en una demostración de poder del partido Nazi con ecos siniestros. Pero el que nos muestra a Fosse poniendo las cartas sobre la mesa y dialogando con inteligencia con la tradición es el número inicial, Wilkommen. Aunque el número estaba ya en el original, Fosse establece una relación más precisa entre show business, personaje e historia. No hay glamour, no hay seguridad, la luz es turbia y basta un par de frases para ver que con este maestro de ceremonias no estamos en buenas manos. La coreografía carece de la elegancia que el musical prometía. Todo es sucio, obsceno, ambivalente. Toda una declaración de principios. De repente, las certidumbres del musical quedan para otro rato.




1975
Película: Rocky Horror Picture Show, dirigida por Jim Sharman

Casi todas las películas comentadas aquí reflejan su tiempo hasta un punto que resultaba imposible en otras décadas. Uno es muy fan de Sonrisas y lágrimas o Mary Poppins  pero no hablan de 1965. El mundo de The Rocky Horror Show, la obra teatral que dio origen a esta película, era imaginario. Pero el tipo de música y, sobre todo, las actitudes, daban un sentido plenamente contemporáneo al texto. El espectáculo teatral se convirtió en un éxito en Londres y pronto vino la idea de rodar una película que produciría Fox. No habría sido posible en otra década. Al fin y al cabo el show hacía ostentación de unas ideologías sexualmente libertarias y unas actitudes antisistema que habrían producido pánico a los estudios en otras épocas. Y el paso al cine conserva los elementos transgresivos. La película se convirtió en un hito de culto y todavía hoy es posible asisitir a una sesión en la que el público canta las canciones con los personajes (aunque hay que matizar que no son lo que fueron). Es la historia de Frank n Further, un travestí extraterrestre que ha creado a un mozalbete musculoso para que le sirva como objeto de placer, y de Brad and Janet, dos pardillos algo bobos que acaban en su castillo. La película instituía una mirada queer cuando el cine comercial no se atrevía a estas cosas.

Número: "Time Warp/ Sweet Transvestite"

"Time Warp" es el recibimiento que los transilvanos dan a Brad y Janet y se convirtió en uno de los números legendarios de los setenta. Sin solución de continuidad, Tim Curry, ataviado  como el David Bowie de principios de los setenta, hace su aparición saliendo de un ascensor como Katharine Hepburn en Suddenly Last Summer y se presenta como un "dulce travestí de Transexual, Transylvania". No, no es un número complejo ni innovador formalmente, y no es sutil o irónico. Su impacto se basa en la normalidad con que el personaje se presenta, en cómo se mueve, en la voz y en la idea de que va a seducirnos. En el peor sentido de la palabra.



1975
Película: Nashville, dirigida por Robert Altman

Hasta aquí, las películas consideradas son deudoras de algún show teatral. Nashville es un musical originalmente concebido para el cine. Bueno, para mucha gente Nashville no es exactamente un musical. Una de las obras clave de los setenta, Nashville sigue a veinticuatro personajes que confluyen en la ciudad de Nashville (capital de la música country) durante un festival que coincide con la presentación de un candidato alternativo (que hoy nos recuerda bastante a Podemos) a las elecciones legislativas de noviembre. Para recaudar fondos, el encargado de la campaña se dedica a ir buscando a estrellas de Nashville que quieran participar en un concierto de apoyo. La relación entre Nashville y la música country y los eslogans políticos son el centro de una de las grandes sátiras cinematográficas del mejor director de los setenta.

Altman dijo que pensaba en la película como un musical: las canciones no son simplemente interpetaciones, sino que tienen una relación muy precisa con lo que la película quiere decir. Y utiliza, como en Cabaret o Chicago, la metáfora del Show Business para hacer un comentario político. En este caso, la cultura de Nashville es una parodia de una américa ideal.

Número: "It Don´t Worry Me"

Al menos dos números de la película merecerían figurar en las antologías. El primero es "I'm Easy", la canción de Keith Carradine que ganó el óscar ese año (un cantante narcisista canta una canción en un club y varias mujeres con las que ha tenido relaciones se dan por aludidas). Pero en términos de concepción e impacto emocional, "It Don´t Worry Me" es uno de los grandes números de la historia del musical. Como todo gran número, el contexto resulta crucial para su comprensión. Durante el concierto de presentación del candidato político, la mayor estrella del country es asesinada por motivos algo oscuros (de hecho se sugiere que la asesinan simplemente porque en la América de los setenta pasaban estas cosas con frecuencia). Hay consternación, revuelo, el público no sabe cómo reaccionar, qué hacer. Una de las teloneras, que es mona pero de mente vacua coge el micrófono y, al principio tentativamente, empieza a cantar una canción cuya letra dice que las cosas pueden estar mal pero que a ella "no le preocupa". Poco a poco, el resto de los artistas en el escenario van uniéndose a ella, y el público empieza a prestar atención. Es como si no hubiera pasado nada. El show business cubre las heridas. Algunos dirían que aletarga. Un final amargo en que después de la sátira contra los artistas, Altman parece volver la cámara para interpelarnos a nosotros: "os habéis reído de toda esta gente, pero vosotros sois lo mismo"




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