jueves, septiembre 14, 2006

¿Qué es el cine gay?: (IV) Mirada Camp

Estoy de regreso (¡Con la quinta temporada de A dos metros bajo tierra!) y continúo con la cuestión de la delimitación del campo. Decíamos que al hablar de cine gay podemos hacerlo según la experiencia subjetiva o erótica del espectador, según la "estética" gay de los autores y según la representación de personajes. La cuarta propuesta de aproximación es lo que en muchos ensayos, sobre todo de los ochenta y los noventa, se llama "la mirada camp".

Cierto, alguien a quien no solían faltar palabras u opiniones, como Susan Sontag, se dio por vencida a la hora de definir lo camp. Pero esto fue hace muchos años, y desde entonces Babuscio, Dyer, Sedgwick, Doty y otros expertos nos han ido aproximando. Yo creo que lo que se deduce de su trabajo es que lo camp ya no es una estética. Quizá una sensibilidad. Aunque yo prefiero verlo como "un modo de leer". A veces a contracorriente, consciente de que ese no es el modo en que algo se ha escrito.

Dicho de otro modo, creo que las imágenes o las películas no son camp, lo que es camp es el modo en que las vemos. Notamos, por ejemplo, que Joan Crawford ya estaba muy mayor para hacer de jovencita en los años sesenta o que a Sara Montiel no le salía muy bien hacer de inocente.

El concepto no existe en castellano, nuestros críticos no han estado muy interesados en estudiarlo. Sin embargo los gays practican la mirada camp aquí tanto como en cualquier otro sitio. La mirada camp nos distancia de lo que vemos: al proyectarla sobre una película de Sara Montiel, perdemos interés por la trama y empezamos a fijarnos en los trajes, en lo imposible de la narración, en la exageración, en "Sara como estrella", en lugar de como personaje. Para mí es importante que esta manera de leer "oblicua" sea compartida por muchos gays: se socializa. Así la mirada camp se sitúa entre la experiencia subjetiva del cine que mencionaba en el primer post de esta serie y una socialización. Para muchos, la mirada camp es una manera de entrar en la cultura gay. Hoy puede resultar algo superflua, pero antes de los setenta era un modo clave de establecer complicidades.

Uno de los mejores puntos de partida para el concepto lo da Eve Kosofsky Sedgwick en su indispensable Epistemología del armario. Para ella lo más importante de la mirada camp es que al ver ciertas películas el espectador gay sospecha que quienes han hecho aquello también son gays. A mí me pasa, por ejemplo, con el número Ain´t There Anyone Here for Love de Los caballeros las prefieren rubias. Y recuerdo que fue reconfortante descubrir con los años que, efectivamente, el responsable de aquello era el coreógrafo gay Jack Cole.

Esta sospecha, en toda su indeterminación caracteriza la mirada camp en principio, al socializarse se convierte en un concepto gay.

Es un tema complejo porque nos fuerza a ver el cine como ejercicio de la mirada y como apropiación. Lo importante no es "lo que hay ahí", sino "cómo lo vemos"

Podéis decir que en esta formulación, lo camp no es necesariamente gay. ¿Habría un camp hetero? Yo creo que sí, por ejemplo en las películas de Kevin Smith. El problema es que, dado que ser hetero no requiere establecer complicidades secretas, que es un mundo fácilmente socializable de mil modos, el camp hetero carece de centralidad cultural y no se ha desarrollado como subcultura.



1 comentario :

  1. Sólo decirte que suscribo tu entrada línea a línea.

    ResponderEliminar